Author: Junnie. //
Rating: NC-17
Pairing: HaeMin. // HaeBum. (One-Side)
Disclaimer: Super Junior no me pertenece.
Comments: Segunda parte de este One-shot. Como era TAN largo, no pude ponerlo sólo en un post, así que espero les guste. ♥
X-Post:
-Puedo acompañarte para que compres el regalo. –sugirió el teñido tras separar sus labios del menor.
-Me parece bien. Tú eres más experto en ello que yo. –rió el moreno.
-Idiota. –rió el teñido, golpeando el hombro del menor amistosamente. –Siéntate, que serviré la cena.
-¡Yea! –gritó el menor animosamente, soltando al mayor.
Se sentó en la misma silla de siempre, esperando a que la cena fuera servida. Sopa y DanHoBak. Que predecible, pensó el castaño al ver el plato. SungMin sonrió mientras comía su cena. A DongHae le gustaba como cocinaba el mayor, y siempre elogiaba los platos del teñido haciendo que el otro se sonrojara. Y así solían pasar los días.
-¿Y cómo van las cosas con ese chico que te gusta? –preguntó DongHae, llevando un poco de DanHoBak a su boca.
-¿KyuHyun-shi? –DongHae asintió con la cabeza. –Pues… ni siquiera le he hablado. –el teñido llevó su mirada hacia el plato. DongHae dejó el servicio de lado, fijando su mirada en el teñido.
-¿Cuándo piensas hablarle? –recargó su cabeza en su mano, su vista aun fija en el teñido.
Cuando DongHae hablaba seriamente, SungMin sentía mariposas en su estomago por los nervios. A pesar que DongHae era menor que él, solía mostrarse más maduro en varios aspectos. Y SungMin sabía que aquel cambio había aparecido después de la muerte de su padre. DongHae era inocencia y madurez, ambos al mismo tiempo. Si bien solía ser infantil la mayor parte del día, cuando se trataba de SungMin, DongHae se comportaba seriamente.
-No lo sé. –respondió al cabo de unos minutos. –Tengo miedo de hablarle.
-¿A pesar que sea menor que tú? –DongHae soltó un bufido. –Estás siendo un cobarde.
-¿Qué hay de ti y tú jefe? –respondió desafiante el teñido, vago intento de defenderse.
-Es diferente. Él es mi JEFE.
-No es muy diferente de tu relación con Choi Siwon.
Clic. Ese nombre se había transformado en el nombre tabú del departamento. DongHae dejó de sonreír, su sonrisa desapareció al instante. Había estado enamorado de Choi Siwon, pero todo había terminado mal entre ellos y simplemente había sido engañado, y a pesar que había aceptado lo ocurrido, SungMin sabía que Siwon había sido importante para el castaño, por ello no hablaban de él cuando estaban juntos. Nervioso, SungMin intentó cambiar el tema, sin conseguirlo. Disculpándose, DongHae se levantó de la mesa para caminar hacia su habitación y encerrarse en ella. SungMin dejó escapar un suspiro, ocultando su rostro en sus manos.
-Eres un estúpido, Lee SungMin. –se dijo a sí mismo mientras trataba de pensar en cómo arreglar la situación.
Se levantó de la mesa, recogiendo los platos aun con alimentos. Había arruinado la cena y el humor de DongHae, eso lo tenía bastante claro. Comenzó a lavar los platos para luego ordenar la cocina e ir a dormir, pensando en que quizás mañana DongHae estuviera mejor. Eso deseaba desde el fondo de su corazón.
DongHae odiaba, odiaba con todo su corazón que SungMin sacara a Choi Siwon cada vez que hablaban de Kim Kibum. Y al yacer recostado en su cama con su vista en el techo, DongHae pensaba en lo estúpido que había sido al meterse en una relación con el hijo del clan Choi. Era rico, tenía una gran empresa y poder. ¿Cómo fue que terminó con alguien como él? Lee DongHae jamás sabría la respuesta. Desde que empezó a sentir algo más por su jefe, Kim KiBum, DongHae supo que aquello no debía pasar. No debía pasar otra vez por una situación parecida a la de Choi SiWon, así que en parte lamentaba haberle contado a SungMin sus sentimientos hacia su jefe. Dejó escapar un suspiro, ocultando su rostro con la almohada de su cama. Detestaba estar enamorado de la persona equivocada. Oh, no saben cuánto detestaba estar enamorado de aquel que no le podía responder de la misma forma. Sabiendo que poco podía hacer con su situación actual, DongHae decidió cambiarse de ropa, ponerse el pijama y dormir, teniendo en cuenta que mañana debía ver de nuevo a SungMin y que más tarde debía de encontrarse con su jefe. Agradeció que mañana fuera viernes veintiuno, de ese modo tenía todo un fin de semana para no ver el rostro de su jefe y comprar un regalo para YoungWoon, a pesar que no tenía ni idea quien era. Cerró sus ojos, apagando la luz sobre la mesa junto a su cama. Intentó dormir, pero Choi Siwon volvía a su cabeza, así como la imagen de su jefe y las palabras de SungMin. Dejó escapar un gruñido. Dos horas habían pasado desde que se había acostado, y sólo hace una hora había logrado conciliar el sueño. No sintió como su puerta se abría o los pasos silenciosos de SungMin, tampoco sintió cuando sus cobijas eran levantadas o la cama se hundía al recibir un nuevo peso. Pero si sintió el cuerpo a su lado que se acurrucaba cada vez más cerca de su propio cuerpo.
-SungMin-ah. –dejó escapar un gruñido.
-Mianhae. –murmuró el teñido, su mirada fija en el pijama de DongHae. (Celeste y de manchas de hartos colores.)
-¿Por qué? ¿Por lo de SiWon? –murmuró perezosamente.
-Yea. Sé qué te molesta y yo… Mianhae. –volvió a murmurar. Sintió el brazo de DongHae por su espalda.
No pudo evitar sonreír. Cerró sus ojos, recargando su cabeza en el pecho del menor. La mano en su espalda bajaba y subía, de vez en cuando paraba en su cabeza, jugando con su cabello.
-¿Para eso tenías que venir a mi habitación a las una de la mañana? –preguntó el castaño, sonriendo.
-Um… bueno… -ocultó su rostro en el pecho de DongHae. –Sabes que le tengo un poco de miedo a la oscuridad.
Soltó una leve risa.
-Realmente eres una niña. –sintió un leve golpe en su pecho.
Sabía a la perfección que ahora SungMin debía de tener sus mejillas infladas. SungMin realmente podía ser una niña, como aquella vez que se había comprado una falda y una blusa sólo porque le había gustado el conjunto. DongHae le había preguntado para qué quería una falda y una blusa si ni siquiera era chica. SungMin, al darse cuenta de ello, no hizo más que ponerse la falda y la blusa, pensando en que quizás sí podía parecer una chica usando aquello. DongHae admitió al segundo que lo vio, que SungMin era mucho más bonito que muchas chicas que había conocido a lo largo de su vida. Como era delgado, de tez blanca y su cabello un tanto largo, pero no hasta los hombros, SungMin podía pasar perfectamente como chica. “Así deberían ser las chicas”, bromeó DongHae al verlo. SungMin se sonrojó al instante, una sonrisa tímida decorando su rostro. Vestirse de chica se había vuelto su pasatiempo favorito, pasatiempos que compartía con DongHae. Solían salir de la mano, pasando como una pareja más entre la multitud. Cuando DongHae estaba distraído mirando algo en alguna vitrina, SungMin recibía mirada de distintos chicos que pasaban a su lado, acción que le hacía sonrojar. Así que se abrazaba al brazo de DongHae, quien sonreía de manera simpática al notar la mirada de muchos chicos sobre SungMin. “Debería ser así todo el tiempo…”, le había murmurado, a lo que SungMin asintió con la cabeza. Si los hombres voltearan de la misma manera que lo hacen cuando estaba disfrazado de mujer, su vida sería mucho más sencilla.
La quinta vez que SungMin se había disfrazado de chica, fue cuando Siwon terminó su relación con DongHae. Al llegar esa noche, SungMin supo que algo había pasado y por el rostro de DongHae, sabía a la perfección que no había sido algo bueno. Se había acercado a DongHae, quien seguía en la entrada, sus zapatos ya fuera de lugar. Había tocado su rostro con suavidad, limpiando las lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos. Acercó sus labios, aun sin pintura, a los labios de DongHae, besándolos con suavidad. Instintivamente, DongHae abrazó al mayor por la espalda, besando sus labios con un poco más de fuerza. SungMin dejó escapar un gemido mientras lo besaba, sabiendo a la perfección que aquella noche iba a pasar más que un simple beso. DongHae lo acorraló entre la pared y su cuerpo, llevando su mano hacia la falda, levantándola para dejar al descubierto la blanca piel de SungMin. Con suavidad recorrió su pierna, besando su cuello mientras que con sus manos soltaba el broche de la falda, dejándola caer al suelo.
-DongHae… -gimió el teñido al sentir la mano de DongHae sobre su miembro.
Había tomado el miembro del mayor en su mano, frotándolo suavemente, dejando que leves gemidos escaparan de los labios del teñido mientras enterraba sus uñas en los brazos del menor. Su cabeza hacia atrás, exponiendo su cuello para que el castaño tuviera mejor acceso.
-DongHae… no aquí. –logró decir el mayor mientras lo abrazaba.
DongHae cargó a SungMin hasta su habitación, recostando al teñido sobre su cama. De deshizo de lo que quedaba de ropa, besando el cuerpo de SungMin mientras el chico gemía al sentir los labios del menor sobre su cuerpo. “DongHae-ah, DongHae-ah…”, gemía. Y DongHae no hacía más que tocarlo, pensando en que tal vez con ello fuera a olvidar a Siwon, olvidar lo que le había hecho sentir, olvidar lo vivido, así como SungMin había olvidado a YeSung la primera vez que lo había hecho con él.
Pero DongHae no olvidó. No había olvidado lo ocurrido. Seguía recordando de vez en cuando a Siwon, y verlo de vez en cuando en los diarios o noticias no ayudaba. Si bien SungMin trataba de evitarlo, tarde o temprano DongHae lograba verlo en alguna que otra noticia. Cerró sus ojos, dejando escapar un suspiro, sintiendo la respiración tranquila del teñido en su pecho. Se quedó dormido tras algunos minutos, soñando sobre castillos, princesas en peligro, calabazas gigantes y un príncipe sobre un caballo blanco que sonreía. Una sonrisa parecida a la suya.
Al despertar en la mañana, despertó con un sentimiento un tanto extraño. Sabía que había soñado algo lindo, pero había olvidado completamente su sueño. Se quedó unos minutos observando el techo, perdido en sus propios pensamientos como para notar la mirada curiosa que le dedicaba SungMin desde su pecho. No fue sino hasta que sintió los labios de SungMin en su cuello cuando notó su presencia, cuando notó que aun lo abrazaba y que aun no se levantaba.
-¿En qué pensabas? –sonrió el chico.
DongHae fijó su mirada en él, pensando en que no había sonrisa más linda que la de Lee SungMin. Sonrió levemente, negando con la cabeza mientras decía que no era nada. SungMin no le creyó. Se levantó de la cama para preparar el desayuno mientras DongHae seguía con su vista fija en el techo. Escuchó como un plato se quebraba en la cocina, se levantó de la cama con rapidez para ver que era lo que había pasado.
-Hyung… -murmuró DongHae mientras entraba a la cocina.
SungMin escondió el periódico tras su espalda, levantando la mirada aterrada. Lee DongHae no entendió el porque de aquella mirada. Fue cuando notó que había algo tras de él, algo que escondía.
-Es sobre Choi Siwon, ¿Verdad? –el teñido asintió con la cabeza lentamente.
-Va a casarse. –susurró. DongHae sonrió.
La noticia fue como un balde de agua fría o uno de agua caliente, los dos tenían el mismo efecto. Pretendió. Pretendió que todo estaba bien, que la noticia no le había afectado como esperaba, que podía seguir perfectamente bien. Pero SungMin sabía que lo ocultaba, porque sus ojos se habían vuelto llorosos y pequeñas lágrimas caían silenciosamente por sus mejillas. Dejó escapar un leve sollozo, sintiendo como SungMin limpiaba torpemente las lágrimas de sus mejillas o escuchando como susurraba palabras de consuelo, las mismas palabras que DongHae le había susurrado al oído mientras lo abrazaba. “No vayas a trabajar hoy día…”, le suplicó el teñido, abrazando al menor con suavidad y cariño. DongHae sonrió entre lágrimas, negando con la cabeza. Se soltó del abrazo, caminando hacia el baño de su habitación para alistarse para ir a trabajar. Se vistió lo más rápido que pudo, saliendo del departamento junto a un SungMin un tanto preocupado.
-No estás en condición de trabajar. –le dijo el teñido. DongHae se detuvo a medio camino.
SungMin imitó su acción, quedando sólo a unos cuantos pasos del menor. DongHae volteó su rostro, quedando frente a frente.
-No dejaré que eso afecte mi vida, Hyung. –sonrió tiernamente. –Si él quiere casarse, que se case. No dejaré que eso me afecte… Choi Siwon es cosa del pasado.
SungMin fijó su vista en el cielo, pensando que su dongsaeng era bastante fuerte. Demasiado. Aunque muchas veces solía aparentar lo contrario. DongHae era inteligente y lo que acababa de decir demostraba que SungMin no lo era. De haber sido él, se hubiera quedado en casa llorando en su cama mientras se lamentaba por lo que acababa de pasar. Tomó la mano del menor, caminando por las calles hasta llegar a la estación.
-Eres fuerte, Hae. –murmuró SungMin sonriendo. Levantó la vista, su mirada fijándose en el rostro sonriente de su dongsaeng. –Hoy le hablaré.
-Me parece bien. –soltó una pequeña risa. –Ya han pasado meses desde que lo viste. –revolvió el cabello de SungMin antes de salir del vagón.
Las puertas se cerraron, lo último que vio fue como SungMin movía su mano en señal de despedida, sonriendo abiertamente. Sonrió. Caminó hasta la oficina como todas las mañanas, pero el pensamiento de Siwon casándose con alguien más le atormentaba. Llegó a su cubículo, pensando en que no deseaba nada más.
Lo único que quería era que el día pasara rápido, así como el fin de semana, y que llegara el veinticuatro para poder entregar el estúpido regalo y recibir el suyo.
-Lee DongHae, Kibum-shi te llama. –le dijo Chan, la secretaria privada de Kim Kibum.
Confundido ante el llamado, DongHae se levantó del asiento un tanto nervioso. Al entrar en la oficina podría decirse que estaba más que nervioso. Era la primera vez que DongHae estaba a solas con el jefe, la primera vez que estaba en su oficina y la primera vez que Kibum fijaba su mirada en él y sólo en él.
Kibum estaba sentado frente a su escritorio, junto a una montonera de papeles que debía de leer y firmar. Su computador junto a él, con un archivo abierto. Seguramente era el último que estaba revisando.
-¿Cuál es tu pasatiempos? –preguntó Kibum mientras revisaba unos documentos.
Confundido ante la pregunta, DongHae pensó en la respuesta por unos segundos. “Ver a SungMin Hyung vestido de mujer y salir con él, pretendiendo que somos una pareja.”, pensó el castaño. Claro que sabía a la perfección que no podía responder aquello. Pensó en su pasatiempo de años atrás: la fotografía.
-Sacar fotos. –respondió. Kibum sonrió.
-Interesante. –levantó la mirada de los papeles, por primera vez fijándola en el muchacho frente a él. –Necesito que pases estos papeles, los necesito para esta misma tarde.
DongHae tomó los papeles, sus manos temblando un poco cuando sus dedos rozaron los del jefe. “No seas idiota.”, se dijo a sí mismo mientras caminaba hacia la salida. “Es tu JEFE”, se gritó mentalmente. Cruzó el pasillo, llegando a su cubículo. Comenzó a pasar la información, dispuesto a terminar lo antes posible. Quizás las estrellas se habían alineado, o quizás los alienígenas deseaban ayudarlo en ese día, porque con esos papeles, el día de DongHae había pasado tan rápido que no se había dado cuenta. Al dejar escapar un suspiro de alivio al darse cuenta que aun faltaba una hora para la salida y que había terminado su trabajo antes de tiempo, DongHae no pudo evitar preguntarse como le había ido a su mejor amigo con el chico. Cerró sus ojos, deseando que todo fuera bien con él. SungMin había sufrido mucho, no deseaba otra pérdida más. Seguramente no se recuperaría jamás de ella. Tomando los papeles del escritorio, y el pendrive del computador, DongHae caminó hacia la oficina de su jefe. Tras hablar unos minutos con él, DongHae salía más que feliz de la oficina. Le había dejado salir antes del trabajo, quizás su día no era tan malo después de todo. Salió del edificio sonriente y entró a su departamento de la misma forma, sólo para que su sonrisa se borrara al instante.
SungMin estaba parado frente a la puerta, como si hubiera estado esperando por él desde que llegó de la universidad. Su mirada fija en el suelo, su cabello… negro. DongHae no se lo esperaba, no esperaba ver a SungMin en ese estado, frente a la puerta y con su cabello teñido a negro. El moreno dejó escapar un sollozo.
-Tiene… novia.
Musitó, levantó su rostro, dando a mostrar sus ojos rojos de tanto llorar. DongHae se sacó los zapatos, aflojándose la corbata. Caminó hacia SungMin, abrazando al chico. “Dios… ¿Por qué eres cruel con aquel que no lo merece?”, se preguntó mientras abrazaba con fuerza al moreno. No preguntó nada, no quiso preguntar el porqué se había teñido el cabello a negro nuevamente. No quiso preguntar qué hacía ahí tan temprano si los viernes tenía clases hasta las ocho. No quiso saber la respuesta. ¿Por qué era tan difícil vivir? ¿Por qué la vida tenía que ser tan injusta para ellos? Las oportunidades que todos tenían quedaban reducidas a la mitad en sus casos. Al ser diferentes, las puertas se cerraban, quedando sólo unas pocas abiertas.
-Deja que sea yo el que controle. –pidió el moreno entre lágrimas y sollozos.
DongHae asintió con la cabeza. Yea, murmuró en el oído del menor. SungMin besó sus labios con cansancio, lentitud y cariño. Sus ojos cerrados mientras tomaba la camisa del menor entre sus dedos. Guió al menor por el pasillo hasta llegar a su habitación, entrando en ella mientras aún se besaban. Se separaron por aire, mirándose a los ojos una vez más.
-Todo es tan injusto. –murmuró, lentamente había comenzado a desvestirse. Su chaqueta gris quedando en el olvido, junto a su playera y pantalón. DongHae se sacó la camisa, quedando sólo en pantalón. SungMin lo empujó levemente, haciéndolo caer sobre las frías cobijas de una cama sin hacer. Sus labios recorriendo el pecho del castaño, sus manos explorando el cierre del pantalón. Al cabo de unos segundos estaba en ropa interior, al igual que el moreno.
-La vida es injusta. –murmuró el castaño tras unos minutos. SungMin besó su cuello.
-La vida es una mierda. –sollozó, su miembro tocando el miembro erecto del castaño.
Lo es, había pensado tras escuchar las palabras del moreno. Pero DongHae quería pensar que la vida podía ser hermosa. Que podía tener finales felices, que podía haber más oportunidades de las que se habían presentado y que tal vez un día encontrarían a aquel que los comprendería a la perfección. Mientras era penetrado por SungMin, DongHae pensó que sentir a SungMin dentro de sí era algo nuevo y hermoso. Jamás sentido anteriormente. Pensó en los años que estuvieron juntos, en todas las cosas que habían vivido, en las vacaciones que habían pasado juntos, las veces que habían llorado o se habían quedado hasta tarde viendo una película en el sofá del living. Recordó las noches que habían pasado juntos, abrazados mientras hablaban de la vida, de su día o de las personas que habían conocido. Recordó las noches en el balcón, mientras observaban las estrellas y fumaban un cigarrillo. Pensó en HyukJae, YeSung, SiWon y KyuHyun, el chico que había rechazado a SungMin sin siquiera saberlo. Pensó en aquellos que le hicieron la vida imposible a SungMin, pensó en el día que sus padres lo echaron de la casa, el día en que DongHae lo encontró en el parque. Sentía los labios de SungMin en su cuello, escuchaba sus gemidos, su nombre que rompía el silencio de la habitación, aquellos gemidos que decoraban el lugar junto a la luz del atardecer de esa tarde, veintiuno de diciembre.
Los días con SungMin eran especiales. Salir de compras con él disfrazado de chica era especial, algo único y que probablemente no viviría con ninguna otra persona, porque no había nadie en la tierra que fuera igual a Lee SungMin. Nadie era como el SungMin rubio, moreno o teñido de rosa. Nadie podía ser como él. No había nadie en la tierra que fuera tan bueno escogiendo un regalo, nadie que fuera capaz de ayudarlo con un regalo para alguien que ni siquiera conocía. No había nadie en esta tierra que pudiera comprender a DongHae como lo hacía SungMin. Y mientras pasaban las tiendas, DongHae no podía parar de pensar que la vida era injusta con el moreno. Aquella mirada triste y resignada había vuelto a aparecer. Aquella mirada que tanto detestaba. Tras pagar el regalo para su amigo secreto, DongHae caminó de vuelta al departamento de la mano con SungMin. Su mirada fija en el cielo que amenazaba con nevar. El parque tan familiar cercano a su trayecto. Se desviaron por el parque, pensando en que sería un buen recorrido.
-SungMin Hyung… -murmuró DongHae, deteniéndose.
SungMin se detuvo, volteando su rostro. Con su mirada claramente preguntaba qué estaba mal.
-Estaremos juntos para siempre. –sonrió DongHae.
SungMin abrió sus ojos, sorprendido ante lo dicho por el castaño.
-¿DongHae?
-Tú y yo, juntos… para siempre. Algo así como un cuento de hadas: Y vivieron felices para siempre. –tomó sus manos, su mirada fija en la mirada confundida de SungMin.
-No hables tonterías. Bien sabes que cuando encuentres novio tu...
Los labios de DongHae interrumpieron su discurso. Por muy extraño que sonase, aquel beso había sido distinto a los demás que habían compartido. Lágrimas comenzaron a caer por las mejillas de SungMin. No te engañes, DongHae… pensó el moreno mientras lo abrazaba con calidez. Sintió los brazos del castaño en su espalda. Se separaron levemente.
-No te mientas. –murmuró sobre sus labios.
-Se mi novio. –murmuró como respuesta.
-Tú no me amas. –respondió el moreno, recargando su cabeza sobre su hombro.
-Te amo, te amo más que a nadie en este mundo, por eso quiero estar contigo siempre. –DongHae sonrió. –Eres mi mejor amigo, además de ello la persona que más quiero. Si bien puede gustarme alguien más, sé que siempre contaré contigo para todo. No quiero dejarte…
-No quiero que pierdas tu libertad.
-No seas estúpido.
-¡Tú lo estás siendo! –gritó SungMin. ¿¡Qué hay de KiBum!?
¿Qué hay de Kim Kibum? La mirada perdida de DongHae se fijó en el suelo. Mordiendo su labio, DongHae no sabía que responder. ¿Qué hay de Kim KiBum? Kim KiBum era como su amor platónico que era un año menor que él. Apuesto y serio, Lee DongHae no tenía oportunidad sobre él. Prefería pensar en Kim KiBum como su amor platónico, difícil de alcanzar, difícil de querer, de comprender, de obtener. Kim KiBum no era nadie comparado a Lee SungMin. Nadie.
-Kim KiBum es mi jefe. Sólo eso. –respondió tras tres minutos y cuarenta segundos.
Lee SungMin miró aterrado a Lee DongHae. Las lágrimas aún cayendo por sus mejillas.
-No hagas esto. ¡No te sacrifiques por mí! –pidió el moreno, sus manos aferrándose a la chaqueta de DongHae.
-No me estoy sacrificando. Sólo estoy haciendo obvio algo que hemos vivido por años. –sonrió DongHae, tomando las manos de SungMin nuevamente.
-DongHae… -sollozó. Los brazos de DongHae volvieron a protegerlo de la sociedad.
La nieve comenzó a caer lentamente sobre Seoul. Lee SungMin volvió a pensar en que aun había oportunidad de vivir, de sonreír, de amar. Había temido ante el rechazo de KyuHyun que quizás estaba condenado a estar solo, porque tenía más que claro que DongHae era DongHae y no Lee SungMin, que debía irse algún día y dejarlo de lado, que debía seguir su propia vida, una vida donde SungMin no encajaba. Una vida donde el nombre de Lee SungMin no existía. Deseaba aferrarse a aquellos brazos que tantas veces lo habían protegido de la lluvia, nieve, viento y gente. Esos brazos que ahora lo abrazaban. Lo abrazó con fuerza. Poco importaba ahora que la nieve los empapara o el hecho de no haber comprado nada para la cena, ya pedirían algo por teléfono, quizás una pizza. Poco importaba pasar un domingo en cama, sin hacer nada más que jugar con sus dedos y sonreír mientras volvían a hablar de la vida.
Poco importaba que mañana fuera veinticuatro y tuvieran que quedarse a una cena, porque DongHae había invitado a SungMin como su pareja. “¿Me visto de chica?”, le había preguntado el moreno. DongHae rió, rió ante el comentario del moreno. “Que va… me da igual si se enteran que soy homosexual.”. SungMin había sonreído ante el comentario. Pero a pesar de ello se sentía incómodo al ir de la mano de DongHae al entrar en la sección donde trabajaba. Sentía las miradas del resto sobre ellos, pero poco parecía importarle al castaño, quien sonreía de oreja a oreja, cargando un paquete bajo su brazo. Paquete que dejó bajo el árbol de navidad que decoraba la sala.
Empezaron a llamar a las personas para que entregaran su regalo. SungMin sonreía levemente, sintiendo las miradas de HeeChul y JungSu sobre él.
-¿Eres novio de DongHae? –preguntó el moreno con sonrisa torcida. Cara de pocos amigos en ese minuto.
El moreno no alcanzó a responder cuando alguien llamaba al nombre de HeeChul. Éste levantó la vista, sonriendo al instante mientras caminaba hacia el árbol para recibir su regalo. Agradeció el gesto al abrirlo, llamando a Park JungSu, quien aun miraba a SungMin.
-Cuida de DongHae, es un buen chico. –fue lo único que dijo antes de alejarse entre el montón de gente para recibir su regalo.
SungMin comprendió. Comprendió que había personas buenas en el mundo que no juzgaban, que no tenían prejuicios por ellos, que podían comprender y tolerar. SungMin observó como DongHae entregaba su regalo con una sonrisa forzaba, pudo observar como Kim Kibum le entregaba su regalo, una cámara digital. “Así que para eso preguntó mi pasatiempo.”, pensó DongHae al abrazar a su jefe. Un leve sonrojo decorando sus mejillas. SungMin sonrió triste, pensando en que le quitaba a DongHae sus alas, pensando en que condenaba a su ángel guardián a vivir en penumbras y tristeza estando a su lado. Pero el rostro sonriente de DongHae, la mano cálida tomando la suya y la mirada que le dedicaba HeeChul desde el otro extremo de la habitación le daban el valor de seguir adelante, de seguir viviendo a su lado, aferrado a su espalda porque no podía vivir de otra forma, porque no podía vivir sin él, sin su calor ni sus besos.
Al llegar al pequeño departamento luego de la fiesta, DongHae dejó la cámara a un lado, besando el cuello de SungMin mientras caminaban hacia la cocina para preparar la cena de navidad. SungMin no podía dejar de pensar en que quizás, tarde o temprano, DongHae dejaría la loca idea de estar con él para siempre y volvería donde Kim KiBum, enamorado. Era lo correcto, no quería retenerlo a su lado.
Pero DongHae no dejaba de pensar en su sueño de cuentos de hadas, donde había un castillo, una calabaza gigante, una princesa de tez blanca y cabello negro, mirada conocida, labios color rosa, iguales a los de SungMin. Ni tampoco podía dejar de pensar en ese príncipe que le recordaba a sí mismo. Porque su sueño quizás era una señal, porque su sueño quizás era una oportunidad más que no debía ser desperdiciada. Porque DongHae se conformaba con poco, con dejar un regalo sobre el escritorio de su jefe a nombre anónimo.
[ FIN ]
N/A: Estoy pensando seriamente el hacerme un writting journal, pero no sé... no estoy muy segura. e__e Me daría un poco de flojera loggearme en el otro. LOL *insertar risa Leeteuk*
Espero les haya gustado tanto como a mi. ♥ Sinceramente me gusta mucho este fic. ♥